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La alimentación y la salud de tu cuerpo

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La alimentación y el ejercicio físico son dos cosas que siempre han ido de la mano cuando se habla de la salud, de vida saludable o de llevar una vida sana.

Lo cierto es que, no solo son dos cuestiones que inciden decisivamente en el bienestar de todo ser humano, sino que son interdependientes, existiendo una relación directa entre el ejercicio físico y la energía que consumimos o que quemamos y la comida que ingerimos, la energía que nos aporta y cómo la traduce nuestro organismo.

Parece evidente que un equilibrio entre estos dos aspectos es imprescindible para nuestra salud y que para establecerlo habremos de analizar el tipo de vida que llevamos y qué debemos corregir en ella.

Más de una vez te habrán recomendado una dieta determinada. A menudo, en el gimnasio o en la oficina, te habrás visto en interminables conversaciones sobre si este tipo de alimentación es la mejor, tomar esto o aquello es lo más adecuado o el tipo de ejercicios que te conviene hacer.

La verdad es que nada de eso es aplicable de una forma generalizada, ya que, no solo la actividad diaria de cada persona es diferente, sino que nuestras características físicas y genéticas, el sexo, la edad o la raza, determinan, en gran medida, la forma que tenemos de metabolizar los alimentos o cómo realizamos la quema de energía.

De esta manera, lo primero que habrás de hacer será realizar un examen de tu vida, qué grado de actividad desarrollas en tus quehaceres diarios, si la complementas con algún tipo de ejercicio deportivo, cuáles son tus hábitos de alimentación, tus niveles de vitaminas, si existe alguna carencia específica o qué tipo de energía necesitas para el desarrollo de tus actividades regulares y deportivas.

Aspectos básicos de alimentación

Lo primero que hemos de considerar es que si nos alimentamos es por la necesidad de procurarle al organismo la energía que necesita y aportarle los nutrientes para su correcto desarrollo, su restablecimiento y su conservación, con el fin de llevar una vida sana.

En este sentido, hemos de partir de aquellas necesidades mínimas generales a todo ser humano para sostener su actividad vital, partiendo de un estado de inactividad o de actividad física cero, lo que se conoce como gasto energético basal, y que, en un adulto sano, suele cifrarse en torno a las 1.000 a 1.200 calorías diarias.

Esto es lo que consumirían nuestros órganos vitales como corazón, hígado, pulmones, riñones… Incluyendo la energía que empleas en regenerar tejidos y teniendo en cuenta que empleas un 10 % también en el proceso digestivo.

Normalmente, se tiende a considerar, según la OMS, Organización Mundial de la Salud, que una persona tiene una alimentación saludable según su índice de masa corporal, IMC. Sin embargo, no es un indicador fiable, ya que este se orienta a medir la relación entre nuestra masa y la talla, considerándose saludable un índice entre el 18, 5 y 24,99.

Pero esto no es un indicador exacto, ya que no tiene en cuenta la presencia de vitaminas en el organismo o el ejercicio físico y la actividad que realiza un individuo. Así, un levantador de peso podrá tener un IMC muy superior al medio y tener una vida saludable según su actividad. Mientras, una persona en el índice teórico adecuado puede presentar carencias de vitamina D, hierro u otras similares, siendo muy frecuente que personas con un aspecto saludable padezcan anemia.

Hábitos de alimentación saludables

  • Lo primero que has de tener en cuenta es la regularidad. Cuanto más constante seas en tu ejercicio físico y tu actividad, más fácil te será fijar la misma regularidad en una alimentación sana.
  • En segundo lugar, has de considerar que el agua es fundamental, no solo por las necesidades evidentes de hidratación, que aumentarán con el ejercicio físico al igual que la necesidad de reposición de azúcar y sales minerales, sino por el correcto y constante funcionamiento de los riñones que, si no lo hacen, harán trabajar a otros órganos, especialmente al hígado de una forma innecesaria.
  • En tercer lugar, has de fijar tus objetivos en la salud y no tanto en la estética o el IMC. Algunas dietas como las basadas en los procesos de cetogénesis, que consisten en la práctica supresión de los hidratos de carbono por consumo de proteínas, consiguen quemar grasas al obligar a tu cuerpo a usar esta como combustible y, sin embargo, tienen unos efectos adversos que pueden ser de suma gravedad.
  • En cuarto lugar, una dieta equilibrada ha de contener una base de hidratos de carbono que debería representar un 50 % de nuestra alimentación, en torno a un 35 % de grasas, pues son importantes para acumular la energía que luego utilizarás, y un 15 % de proteínas animales y vegetales, para el correcto desarrollo y mantenimiento muscular y la regeneración de tejidos.
  • En quinto lugar, has de tener en cuenta el aporte vitamínico de los distintos alimentos, así como los diferentes beneficios que puede procurar cada uno de ellos en tus funciones orgánicas como pueden ser las cardiovasculares o respiratorias o en el equilibrio de la flora bacteriana o las defensas y que, además de la necesidad de mantener una estabilidad general adecuada, se ven sometidas a demandas más o menos exigentes en función del ejercicio físico que realices.

Así, una dieta rica en vegetales verdes y fruta será imprescindible, además de los hidratos de carbono y proteínas, complementada con el aporte de grasas saludables, Omega 3, Omega 9… antioxidantes y probióticos que encontraremos en abundancia en alimentos con elaboraciones basadas en la fermentación como el chucrut, los yogures, el Kéfir, etc.

En conclusión

Hoy tenemos una abundante información sobre las propiedades de los distintos alimentos y los envases y detalles de producto nos permiten saber, con exactitud, qué estamos aportando a nuestro organismo, de tal manera que, una vez establecidas tus necesidades, resulta relativamente fácil equilibrarlas mediante una alimentación adecuada.

En todo caso, mantener una ingesta calórica adecuada y buscar una vida menos sedentaria, incrementando un ejercicio físico adecuado y controlado, será, sin duda, lo más beneficioso para tu salud.

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