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Invidencia y surf: más que cuatro sentidos

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Aitor Francesena: un vasco puede con todo

Aitor Francesena es un nuevo candidato a vasco obstinado: este guipuzcoano, que no cree en el talento, sino en el trabajo, se ha proclamado flamante campeón del mundo de surf a pesar de su ceguera. Si los niños vascos que levantan rocas gigantescas como si fueran el supersaiyan Son Goku no te parecieron suficientemente inspiradores, aquí llega super-Aitor para mostrarte que con entrenamiento y dedicación todos los caminos son transitables.

Con 13 años perdió la vista de uno de los ojos y desde entonces tuvo claro que el final completo para su vista llegaría. Y le llegó practicando su gran amor, el surf. ¿Cómo consigue seguir practicándolo? Según relata, escucha el mar antes de entrar y ahí tiene la primera fuente de información sobre la fuerza, la altura o la dureza de las corrientes. Gracias a la llegada de la espuma ya localiza la ola y se prepara para recibirla. Le sirven de gran ayuda, además, las indicaciones de su compañero, que hace una cuenta atrás 3,2,1 para avisarle de la cercanía de la ola cuando se le viene encima. Cuando nota la curva se pone de pie y, a partir de ahí, todo lo que queda es disfrutar de la técnica de todo un campeón del mundo que surfea a su antojo.

“Como una ola, tu amor llegó a mi vida”

Desde la infancia, Aitor tuvo claro con qué disfrutaba más: el mar y el surf. Pero además de los problemas visuales tuvo que enfrentarse a dos cuestiones más de índole familiar: por un lado, en su casa no nadaban en dinero, por lo que era imposible comprar las tablas necesarias para la práctica del surf. Por otro lado, su familia le prohibió hacer este deporte porque lo consideraban un deporte de riesgo. Aitor acabó con las dos resistencias del mismo modo: construyendo él mismo las tablas y demostrando que podía hacerse cargo de los eventuales riesgos del mar. Su familia tuvo que darse por vencida… ¡y eso que también es vasca!

Elegir camino entre las olas sin limitaciones

En un deporte acuático como el surf, el contacto con el agua es parte consustancial al entrenamiento. Esto introduce un elemento más en la ecuación del deportista. Y no te quepa duda de que Aitor, al igual que otras personas invidentes, sacará mucha más información e inputs de su contacto con el agua de lo que sacaríamos los demás.

Las decisiones vitales son aquellas que marcan lo que somos y sobre todo lo que queremos ser. Los obstáculos siempre estarán presentes, la clave reside en elegir el camino sabiendo cómo adaptarse a ellos. En poseer la fuerza de voluntad suficiente para crear así nuestro propio destino.

Con Francesena, Beethoven y Borges “nothing is impossible”

Aitor Francesena nos ha dado a todos unos ejemplos de superación realmente bello. Nos ha recordado a todos que la fuerza de voluntad es la energía más potente de la naturaleza humana y que también una persona invidente puede practicar sus deportes favoritos, ¿Por qué no?

Como no podía ser de otra manera, la historia también contiene a iconos que nos han marcado los límites de lo posible, ampliándolos hacia el horizonte. Uno de los escritores más reputados que se conocen, el argentino Jorge Luis Borges, fue quedándose ciego poco a poco desde que nació. A pesar de ello, continuó redactando obras excepcionales, aprendiendo nuevos idiomas y hasta fue director de la Biblioteca Nacional.

Si te embarga la emoción cuando ves el vídeo del perrito que consigue correr a pesar de sus problemas de movimiento, no te vas a creer que uno de los mayores compositores de la historia de la música, Ludwig van Beethoven, tuvo problemas auditivos desde que su carrera despuntó e incluso pasó los últimos años de su vida con una sordera prácticamente total.

Esta condición no solo no le impidió desarrollar su genio musical, sino que consiguió el renombre universal que sigue disfrutando en la actualidad. Es más, sus problemas auditivos le empujaron a modular su arte y los expertos opinan que ahí radica buena parte de su originalidad como músico, inseparable de su invidencia: por ejemplo, a veces se valía de una trompeta para oír sus composiciones y en 1817 hizo fabricar un piano con cuerdas más tensas. Las limitaciones en un sentido tienen un efecto multiplicador respecto a los demás sentidos.

Invidentes practicando surf: mucho más que cuatro sentidos

En el surf existe una bella combinación de elementos físicos que nos permite contactar con la naturaleza de un modo muy completo, espiritual incluso. Sí, “es una experiencia religiosa”, como cantaba un Iglesias. El surf nos introduce en la fuerza irresistible del mar, en su compás armónico y a veces torrencial, en sus estimulantes desafíos. Por eso se dice que todos los sentidos se ven implicados: además de la vista, en el surf tienen cabida los otros cuatro sentidos.

Para empezar, ya hemos comprobado la importancia que tiene el oído para Aitor Francesena, gracias a él se orienta y capta el estado de la mar, entre otras cosas. También es imprescindible para recibir indicaciones de sus compañeros surfistas. Y no nos olvidemos del graznido de las gaviotas… sin ellas la playa no sería la playa.

En cuanto al olfato y el gusto, tan relacionados uno con el otro, ofrecen una amplia gama de matices que enriquecen nuestro viaje entre las olas, desde la sal, las algas… Información por los orificios. Y, por último, el tacto, seguramente el sentido estrella para los surfistas. Empezando por los pies horadando la arena calentita (o no tanto) de la playa, las manos y todo el cuerpo rompiendo las olas, rozarse con el agua…

La práctica del surf es, en definitiva, una experiencia sensorial muy completa y accesible para las personas invidentes que siempre lo hayan disfrutado o que quieran abrirse a probar nuevos desafíos. Incluso el de convertirse en campeón del mundo. Es tan fácil como tomar un poco del agua bendita de Aitor Francesena. Único ingrediente: el esfuerzo.

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