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El olimpismo: una historia de curiosidades

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Para muchos, el nombre de James Connoly no suena a nada. Si os digo que fue un atleta de triple salto, estadounidense, y que alcanzó la gloria a finales del siglo XIX algunos caerán. Pues sí, James Connoly fue el primer campeón olímpico en más de 1.500 años, es decir, desde que el emperador Teodosio prohibió cualquier culto pagano, como los Juegos Olímpicos, en el año 393 después de Cristo. Hasta esa fecha, la competición llevaba 12 siglos activa, al comenzar en el 776 antes de Cristo.

En 1896, después de ese lapso de 1.500 años, se decidió dar el pistoletazo de salida en Atenas a los Juegos Olímpicos modernos, que hasta Río 2016 suman 28 ediciones no exentas de problemas políticos, sociales y, sobre todo, bélicos: 28 ediciones -que pudieron ser 31 si no se hubieran cancelado las competiciones de 1916, 1940 y 1944 por las guerras mundiales- en las que se han sucedido infinidad de curiosidades. Aquí te contamos algunas por orden cronológico.

Atenas 1896

Robert S. Garrett, quien estudió en Princeton y fue atleta universitario consumado, decidió participar en la primera edición de los Juegos Olímpicos modernos en Atenas. Su objetivo era hacerlo en lanzamiento de peso y otras disciplinas, como salto de altura y de longitud. Garrett decidió participar en el lanzamiento de disco, a pesar de que nunca lo había practicado. Pidió a un herrero local que le construyera uno. El resultado fue un disco de 14 kg de peso, ¡una barbaridad!, debió pensar. Declinó participar en disco hasta que llegó a Atenas y comprobó que los de competición pesaban solamente 2 kg. La ecuación fue simple: cambió de parecer, participó y se convirtió en el primer campeón olímpico de esa disciplina.

París 1900

En estos Juegos Olímpicos, unos de los peores organizados de la historia y primeros en los que las mujeres pudieron participar, aconteció uno de los hechos más curiosos en la historia de estas celebraciones: no hubo medallas. En lugar de éstas, los ganadores recibieron bastones con puños plateados, boquillas para fumar, pipas, ceniceros, carteras, etc.

San Louis 1904

También enmarcados en una situación caótica, los Juegos en esta ciudad sureña estadounidense tuvieron dos protagonistas curiosos: Fred Lorz, quien logró el oro en maratón, aunque luego fue descalificado al descubrirse que realizó parte del recorrido en coche, y el gimnasta George Eyser, quien ganó varias medallas. Nada extraño si no fuera porque su pierna izquierda era de madera.

Estocolmo 1912

Martin Klein y Alfred Asikainene, luchadores de especialidad grecorromana, pelearon durante 11 horas en la semifinal de la justa. Ganó el primero, pero quedó tan cansado que no se presentó a la lucha por la medalla de oro.

Amberes 1920

Luego de una pausa de 8 años a causa de la I Guerra Mundial (se suspendieron los JJ.OO. de 1916), Amberes significó la primera celebración con la nueva bandera de los cinco aros, símbolo del olimpismo hasta nuestros días. También en esos Juegos, Oscar Swahn logró una marca hasta hoy insuperable: ser el ganador con más edad, concretamente 73 años, concretamente en la modalidad de tiro.

París 1924

Con una mejor organización que la caótica celebración del año 1900, en la capital francesa destacaron dos hechos curiosos que hoy día siguen recordándose: un tal Johnny Weissmueller, nadador, consiguió tres medallas de oro. Hasta ahí muy bien. Lo curioso es que este mismo Weissmueller se convirtió posteriormente en el mítico Tarzán cinematográfico. Otro, Eric Liddell, tenía la fe protestante tan arraigada que renunció a correr los 400 metros porque se celebraba en domingo.

Londres 1948

Después de 12 años sin Juegos (desde 1936) por la II Guerra Mundial, en Londres aún se notaban los estragos del conflicto bélico. En estas olimpiadas, el húngaro Karoly Takacs se alzó con el primer lugar en tiro rápido con pistola disparando con la mano izquierda. Tenía una razón: en 1938, una granada había destrozado su mano buena y con la que era igualmente letal, la derecha.

Roma 1960

Si hay un deporte en el que los africanos son uno de los referentes es el atletismo, concretamente el maratón. Pero no fue hasta el 10 de septiembre de ese año, cuando el atleta etíope Abebe Bikila, logró el primer oro olímpico para el continente africano, al vencer el maratón en solo 2 horas, 15 minutos y 16 segundos. Lo más curioso es que corrió descalzo. Cuatro años después, en Tokio, volvió a ganar el oro, esta vez corriendo con zapatillas a pesar de que seis semanas antes de la carrera le operaron de apendicitis. Todo un héroe sobre piernas. El mito Bikila terminó su reinado en el kilómetro 17 de la maratón olímpica de 1968, en México, cuando abandonó aquejado de la altitud. También fue la cita de 1960 en la que el joven boxeador Cassius Clay ganó con solo 18 años los semipesados. Luego renunciaría al título y tiraría su medalla al prohibirle entrar a un “restaurante de blancos” en Estados Unidos.

Moscú 1980 y Barcelona 1992

Moscú y Barcelona tuvieron en la pista de atletismo dos hechos que han marcado el recuerdo olímpico y han reafirmado la frase que el barón Pierre de Coubertin pronunció en el discurso de inauguración de los Juegos de Atenas en 1896: “citius, altius, fortius” (“más rápido, más alto y más fuerte”).  En Moscú, Gabriela Andersen, participante en maratón, cruzó la meta casi paralizada y deshidratada. Entró como pudo. En Barcelona, Derek Redmond, se lesionó en las semifinales de los 400 metros y entró en la meta acompañado de su padre que saltó desde la grada para ayudarle.

Sídney 2000

Participa por primera vez una atleta ciega, Marla Runyan, en la prueba de los 1.500 metros.

Río de Janeiro 2016

Los últimos Juegos Olímpicos del atleta más condecorado en la historia en estas justas, Michael Phelps, quien se retiró con 28 medallas, también fue la cita de los preservativos, al repartirse en la Villa Olímpica más de 450.000, unos 42 por deportista, ¡para solo tres semanas!

Y el futuro ¿qué sorpresas nos deparará?

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